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Vive feliz con tus medidas, aunque no sean perfectas

Los valores, los conceptos, las ideas y los comportamientos cambian, provocando transformaciones culturales que rigen la forma de pensar y de ser de una sociedad. Como efecto de los tiempos actuales, vemos cada vez más personas que pierden la capacidad de pensar, reflexionar y elegir de acuerdo con sus propias ideas. Vivimos en una sociedad donde la tecnología parece ser el ideal perfecto del yo, el modelo a ser imitado, donde todo parece ser estandarizado a gran escala.

Cómo vestirse, dónde ir, cómo comportarse, qué pensar, qué cuerpo habitar. Cosas que antes, incluso cuando se mezclaran con tendencias culturales, permanecían como un medio de comunicación personal, o sea, la vida que se llevaba comunicaba la forma de ser de cada uno. Actualmente, los seres humanos parecen salidos de fábricas. Producidos con pequeñas variantes, se pierden día a día en ideales inalcanzables y luchan por un espacio en un camino que ya está lleno.

La perfección se convirtió en la ropa de moda, el estilo de moda, el estudio de moda y, finalmente, el cuerpo de moda. Querer absorber tendencias no es un problema, el problema surge cuando la moda no se mezcla con el estilo particular y único de cada uno, cuando es exclusiva y unánime para convertirse, finalmente, en “deseo ese objeto porque todos también lo desean”, sin ningún cuestionamiento ni reflexión.

El cuerpo entró por ese camino equivocado convirtiéndose también en un ideal, cerrando las puertas a las características personales y dejando afuera a cualquiera que sea diferente, volviendo infeliz a los que no alcanzan lo que parece ser el deseo general.

En los gimnasios vemos hombres y mujeres de todas las edades orientados hacia un único e igual objetivo: un cuerpo plastificado, falso, estandarizado y más triste, sin vida. Sin vida porque se vuelven idénticos, como una fila de muñecos iguales en el estante de una vidriera. En lugar de ser un reflejo de la vida que cada uno tiene y lleva, el cuerpo se transformó en un producto para ser visto, la intimidad de cada uno pasó a ser de dominio público.

Los pocos que optan por no seguir la misma línea sienten que reman contra la corriente, caminan a contramano. Hoy, una mujer normal, con sus curvas y características normales, por más segura que sea, se siente presionada a no quedarse afuera. Las más saludables se resisten porque saben que, en el fondo, es mucho mejor la libertad de ser como uno es que luchar contra un cuerpo artificial y producido. Los hombres confunden los músculos con el vigor y definen durante horas cada parte de sus cuerpos mientras se olvidan de definir metas de vida más saludables, física y psíquicamente.

Como todo en la vida, no podemos generalizar y tenemos que reconocer que sí existen personas capaces de cuidar muy bien tanto sus cuerpos como sus mentes. Sin embargo, no son la mayoría. Habitualmente, lo que observamos son personas inseguras e insatisfechas esforzándose cada vez más para ser bellas, deseadas y aceptadas y usando sus cuerpos como medios para alcanzar esas metas.

Los estándares actuales con más que injustos con quienes simplemente desean llevar una vida normal; son absolutamente irreales. Roban la libertad y, con ella, la belleza de lo particular de cada uno. Transforman en algo casi irreconocible la casa donde vivimos, nuestro cuerpo, haciéndonos olvidar aquello que nos hace diferentes de los que están a nuestro lado y distanciándonos de la seguridad de que somos suficientes y que lo tenemos y lo que somos es bastante.

  • Dra. Juliana Amaral Psicóloga

    Psicóloga graduada en la Universidad Católica de Río. Psicanalista por la SOBEPI, Tratamiento Clinico con Jovenes, Adultos y Parejas en su consultorio particular. Observadora de la pluralidad humanda y profunda admiradora de las infinitas diferencias personales que nos llevan a un único punto de igualdad, el deseo del encuentro.

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