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¿Te arrepentiste de lo que hiciste? ¡Es hora de actuar de forma responsable!

El que nunca actuó por impulso y se arrepintió después, que tire la primera piedra. La gran mayoría de las personas casi con seguridad alguna vez hizo algo sin pensar y después, al darse cuenta, supo que debería haber actuado de otra forma o, simplemente, no debería haber hecho nada en ese momento. Por lo tanto, esa sensación de arrepentimiento, sin duda, no es un privilegio de unos pocos.

Sin embargo, tú también probablemente conoces a esas personas (y tal vez estés entre ellas) que viven afirmando a los cuatro vientos que nunca se arrepintieron de algo que hicieron.  Los más poéticos, incluso, se arriesgan a completar la frase con “solamente me arrepiento de lo que dejé de hacer”.

Respetando las singularidades y recordando que no existe una forma correcta y una forma equivocada de ser, debo decir que, particularmente, no creo que arrepentirse sea algo malo o una señal de falta de personalidad, como muchas personas creen. Al contrario, pienso que demuestra una buena dosis de consciencia. Demuestra que, si hubiera sido posible, la persona habría actuado con más prudencia, equilibrio y coherencia.

Bien, ¡pero arrepentirse no es suficiente! Es necesario tratar de reparar el desastre que causaste. Primero, se puede buscar a los que sufrieron y disculparte, recordando que un pedido de disculpa puede ser aceptado o rechazado, y que vas a tener que aceptar eso.

Y entonces la situación se puede complicar. Cuando hieres o perjudicas a alguien que decide no perdonarte, parece ser más difícil sacarse ese gusto amargo del arrepentimiento de la boca. En ese caso, ¿qué se puede hacer?

El hecho de que hayas dejado en claro que te arrepentiste es un comienzo excelente, sobre todo demuestra una gran responsabilidad, porque el arrepentimiento tiene que ser un sinónimo de aprendizaje. Tiene que significar que vas a hacer de todo para no cometer el mismo error otra vez. Tienes que mostrar que mereces una segunda oportunidad.

De cualquier manera, incluso así, tal vez el otro no pueda perdonarte. Eso se llama “consecuencia”. Todo lo que hacemos en la vida tiene consecuencias. Unas buenas y otras no tanto. Y empezamos la vida adulta con méritos justamente cuando aprendemos a crecer y a volvernos mejores, especialmente a partir de nuestras propias equivocaciones.

En fin, el arrepentimiento no repara lo que se rompió, no deshace lo que se hizo y no garantiza que seas perdonado. Incluso así, es posible superar el dolor que provoca. Es posible transformarlo en algo bueno. Y, sobre todo, debe ser una invitación a perdonarse a uno mismo. Porque si no puedes perdonarte, vas a terminar atrapado en una especie de pozo, sin poder seguir adelante. Sin poder crecer.

Por esos y otros motivos, además de perdonarte, ¿qué tal si, a partir de ahora, empiezas a ser más tolerante, gentil y comprensivo con los errores de los demás? ¡Estoy segura de que todos vamos a salir ganando!

  • Rosana Braga Consultora de parejas

    Consultora de parejas. Especialista en Comunicación y Gentileza". Periodista, Disertadora, cursa Psicologia y es autora de los libros "O poder da gentileza"(solamente en portugués) Y "Faça o amor valer a pena"(solamente en portugués), entre otros. En su tiempo libre hace deliciosos bocadillos y adora jugar racquetball.

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